FRUTOS

frutos
FRUTOS
“De Segovia a la gloria”
Av. La Riviera, 80
Torremolinos
Telf.: 952 381450

Calificación global: 7.5
Cocina: 8
Ambiente: 6
Servicio: 7
Bodega: 8
Pan: 5
Decoración: 5
Precio medio: 50 euros.

La larga y exitosa trayectoria  de Casa Frutos forma  ya parte de la  história  y del patrimonio de Málaga y de la Costa del Sol. Y eso que los comienzos, al final de la década de los años 60, fueron todo menos faciles para el  ya fallecido Don Frutos Herranz, que dejó su Segovia natal para instalarse en la modesta cafeteria de la gasolinera de la urbanización Los Alamos, donde preparaba sencillas tapas  y unas carnes castellanas de una calidad dificil de encontrar por estos lares. Con la ampliación del negocio, en un chalé situado justo enfrente de su primera ubicación , el mito de este mesón castellano, que también ofrece platos de la cocina popular andaluza y algunos clásicos internacionales, no ha parado de crecer. Quien no ha tenido algún almuerzo de negocios o una cena hedonista en Frutos?

Para los escasos lectores de la “Guia gastronómica de la Costa del Sol” que todavia no hayan disfrutado de dicho placer, se recomienda empezar el festin con una
magnífica ración de “Jamón de bellota  Joselito gran reserva (20 euros, 100 grs.) y una sensacionales y muy frescas “Gambas” blancas u rojas capturadas en la costa mediterránea (14.50 euros, 100grs), exquisiteces que, eso si, pueden disparar sensiblemente la cuenta. Destaca también una sutil  “Ensaladilla rusa” con tropezones de marisco (10 euros) que está elaborada con mayonesa casera de aceite de oliva; o unas irreprochables “Croquetas” de merluza o jamón (6.50 euros), suaves y cemosas, que dicen mucho  de la cocina de este meson ilustrado. El  generoso “Salpicón de marisco” (9.50 euros)  , aliñado solo con huevo duro, tomate y aceite de oliva virgen extra,está simplemente de diez, y la “Ensalada de la casa” (12 euros), algo subida de precio, es otra opción ligera antes de pasar a unos platos principales poco elaborados donde prevalece, por encima de todo, la calidad del producto.

El “Steak Tartare” (26 euros) , que se sirve en sala, a la vista del cliente, sigue siendo uno de los mejores de la provincia de Málaga ;  el “Solomillo de ternera lechal”
(24 euros) , muy jugoso y con  el punto justo de plancha , tambien está a la altura de las circunstancias; como el  laureado “Cochinillo” (18.50 euros), de piel crujiente y carne tierna, que nada tiene que ver con esa otra lamentable versión  -con ese espantoso tufo a rancio- del plato estrella de la cocina segoviana que se suele servir en muchos establecimientos de la costa.

Los pescados, cuyas mejores piezas se muestran en el expositor de una siempre animada barra donde se pude tapear y compartir raciones, también cuentan con una más que justificada fama. Los postres, muy al gusto del público más conservador y burgues, son tan correctos como  poco refinados.
En la extensa carta de vinos, muy mimada por Armando  Herranz, uno de los hijos de Don Frutos que, junto a Nieves y Paloma,  siguen en el negocio matriz, destacan las referencias de las diferentes zonas vinícolas en las que está presente la mítica bodega Vega Sicilia – como ” Pinthia” de la D.O. Toro o ” Alión” , de la Ribera del Duero-,  aunque finalmente apostamos por el muy clásico y apropiado  Viña Ardanza reserva (28.50 euros).  Un gran fin de fiesta  para una ocasión especial. Y es que, al menos una vez en la vida, hay que ir a Frutos.

A favor:  Excelente materia prima.
En contra:  La poco afortunada decoración del salón-terraza.

Respuesta

  Comentario: 4


  1. Tiene razón. Ahora mismo me tomo un güiskazo a la memoria de don Frutos.
    Y con la vista puesta en volver.


  2. El steak tartare está de muerte. Es de esos lugares donde todavía se mima el buen servicio, como el de antaño. Falla un poco la decoración; por lo demás, muy recomendable.

  3. mari pepi y carlos


    Hoy he estado en Frutos, en la barra, que es donde se aprecia mejor la esencia del origen de este restaurante: buen producto y servicio amigable. A nuestro lado, como recordando los tiempos inmediatamente preteritos, tres borricos del gremio de la construcción que aún no han quebrado charlaban. Como dando los últimos estertores, uno ellos pontificaba -agárrense- sobre el bien común. Otro, mientras pelaba gambas con una sola mano y con la otra apezuñaba una copa de tinto con el dedo meñique tieso, asentía. Hacía tiempo que no iba por allí. Las croquetas aunque extraordinarias de sabor, estaban un poco frías. Destacaré también el bacalao con pimientos. De entrada, junto con la tradicional ensaladilla rusa -el truco está en la mayonesa y en el punto de cocción de las patatas-, pedimos coctel de mariscos, un plato rancio y torremolinero donde los haya: destaco el frescor de los langostinos, y el punto exacto de la temperatura con la que se sirven. Dejo para otra ocasión la paletilla de cordero que comí la anterior vez que estuve allí, y el jamón que no he pedido esta ocasión. Se que suena vulgar, pero a estas alturas de las navidades me sale el tocino bellotero por las orejas. En suma, destacable Frutos, y adonde periodicamente se debe volver, y dense prisa: a este ritmo la fauna ladrillera pasará a ser una experiencia antropológica.

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